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Encuentro con los exalumnos del colegio franciscano de Herbón


El día 14 de mayo, tras la espera obligada por el año del covid y la posterior prudencia tenida durante el año 2021, pudo celebrarse el encuentro de los exalumnos del seminario franciscano de Herbón.


Al estar de obras, en este convento, decidieron tener el encuentro en la zona del Bierzo, de la que partieron tantos niños con el deseo de ser franciscanos, aunque algunos mantengan la espiritualidad en el seno de las familias.


Nos acompañaron 50 hermanos, que fueron recibidos con afecto fraterno. Luego participaron en la Eucaristía que presidía el P. Miguel de la Mata, a quien acompañó el P. Honrubia, superior de Herbón. En la eucaristía, el P. Miguel, hizo una introducción emotiva y simbólica del momento y tras el evangelio de Jn. 15,9-17 en la fiesta de S. Matías, nos dirigió unas palabras que tras el saludo de paz y bien invitaban a ensanchar el corazón para amar y, a modo de acróstico, desgranó cada una de las letras de esta palabra tan llena de contenido y de vida espiritual.

La A - Amistad (amar es ser amigo de quien amamos: Dios. Con Él construimos vida. Alegría (en el amor, cuando uno se siente reconocido, brota la alegría).

La M - Madurez (capacidad de reconocer nuestra propia realidad para estar atentos a las limitaciones y poner al servicio de los demás lo mejor que tenemos. También es misericordia y memoria (foco que ilumina la vida y que a vosotros os trae el recuerdo de los años de Herbón).

La O - Opciones (con matices, pero lo que nos marcó en la vida nos inspira a renovarnos y hacer camino).

La R - doble perspectiva: Resistir (permanecer siendo los amigos de Dios) Renunciar (tomar opciones porque Él es el mejor regalo).

Concluyó invitándonos a que, como Matías, expresemos ese amor de muchísimas maneras.

Al concluir la celebración cantaron la canción mariana que recordaban de los años de Herbón y le mostraron los reconocimientos de servicio a D. Manuel Pombo. La M. Abadesa les dirigió unas palabras y les invitó a subir al locutorio para tomar un pequeño ágape. Allí pudimos conversar largo rato y estrechar lazos de fraternidad, que es el mayor distintivo de nuestra familia franciscana. Pasados unos días han venido a agradecer la acogida mostrada en este encuentro.

Cada unos de nosotros, por donde discurra nuestra vida, somos una presencia de Dios y llevamos el evangelio como referencia de vida, así como a María Inmaculada como la Madre que nos arropa y guía en el camino.

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